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domingo, 2 de octubre de 2011

"el único alemán que durante la guerra alegró al mundo entero”.



Betty, llamada Lili, era muy amiga de Marleen. La primera trabajaba en una verdulería y la segunda era enfermera. Las dos eran guapas, simpáticas y muy coquetas, de allí que trajeran de cabeza a Hans Leip, un soldado alemán de 22 años, quien, al no poder decidirse por una de las dos bellezas, optó por reunir sus nombres y escribir un poema titulado Lili Marleen. Cuando ambas lo leyeron se murieron de la risa y, con esa misma actitud festiva, le suplicaron que se decidiera. “Es que las amo a las dos”, les dijo. Tanto Lili como Marlen lo animaron para que publicara su poema.
Corría el año de 1937 y la poesía de Hans Leip no sólo cuenta una historia de amor, sino también una despedida muy triste. Se trata de un soldado que antes de partir al frente entrega su corazón a dos jóvenes. Desafortunadamente, a ninguna revista le interesó publicar la poesía de Leip. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1938, Hans se puso en contacto con el compositor alemán Norbert Schultze para que le pusiera música al texto. Un año después, una cantante aún desconocida, Lale Andersen, grabó el primer disco de Lili Marleen, pero no tuvo éxito, apenas se vendieron 700 copias. A pesar de que la interpretación de Andersen y la música de Schultze embonaban perfectamente con el sentido poético de Leip, se decidió no difundir mucho la canción, porque el Ministerio de Propaganda exigía música más que sentimental con toques marciales.
Pero en 1940, la novia de un suboficial de una compañía alemana le había regalado a éste el disco: “Aquí encontrarás las frases y la música de amor más bella que jamás hayas escuchado”, le escribió. El novio la escuchó en una reunión informal en el cuartel. A todos sus amigos les encantó la canción. “Su melodía, aunque muy melancólica, transmite mucha paz”, dijo uno de ellos. “Si es así, vamos adoptarla como himno de nuestra compañía”, agregó el suboficial.
En 1941, el teniente Kart Heinz Reintgen fue trasladado a Belgrado, para hacerse cargo de la dirección de la emisora militar de esa ciudad. Él también llevaba consigo un disco de Lili Marleen; se lo había regalado su esposa: “Para que no me olvides”, le escribió sobre la carátula del disco. Una tarde que el teniente se sentía nostálgico puso el disco de Andersen. “Dedico esta canción a todos los compañeros que se encuentran en el desierto norteafricano”, dijo el teniente. Pero éste nunca se imaginó que entre su numeroso auditorio se encontrara nada menos que el mariscal de campo Edwin Rommel, el mismo que invadiera el norte de África y que también fuera acusado de tramar el asesinato de Hitler. No obstante, el Ministerio de Propaganda ya había señalado que Lili Marleen resultaba demasiado sentimental, pudiendo con ello desmoralizar a las tropas, el éxito fue fulminante. A partir de esa emisión, la melodía se convertiría en la canción del soldado alemán. Curiosamente, los soldados que habían sido prisioneros por los alemanes ya la habían escuchado, incluso muchos de ellos la cantaban o la recitaban.

                                        Marlene Dietrich                                                          

Ese mismo año de 1941, la actriz Marlene Dietrich se encontraba recaudando bonos de guerra estadounidenses. Para entonces Dietrich ya se había nacionalizado norteamericana. No hay que olvidar que la intérprete de El Ángel Azul fue antinazi, enemiga de las políticas antisemitas de su tiempo. Incluso grabó varios discos antinazis en alemán.
Cuando le preguntaban por qué lo hacía a pesar del evidente peligro que representaba esa oposición, contestaba: “Aus anstand” (por decencia). Además de cantar con su estilo tan característico, Marlene solía entretener también a las tropas tocando una sierra musical, dicen que fue en uno de esos actos cuando el General George S. Patton se enamoró de la Dietrich. Bueno eso dicen algunos, porque otros afirman que el enamorado fue el también General James M. Gavin, pero cuando la escuchó cantar por primera vez Lili Marleen.
Más que Andersen, en realidad quien hiciera famosa esta maravillosa canción fue Marlene Dietrich, cuya versión se tituló La chica bajo la farola.
Al compositor, Hans Leip, no le parecía que Lili Marleen fuera cantada por mujeres, porque era la historia de un hombre enamorado. Sin embargo, nadie la cantó tan bien, como ellas dos.
Es cierto que la vida de Marlene Dietrich es apasionante y sumamente rica de vivencias de todo tipo, pero la de Lieselotte Helen Berta Bunnenberg, mejor conocida como Lale Andersen, es igualmente azarosa.
Cuando sus trasmisiones empezaron a tener un éxito rotundo, desde todos los frentes comenzaron a llegarle peticiones para que se volviese a poner la canción, de modo que la emisora militar de Belgrado la emitía todos los días a las 21:57 como cierre de emisión. Los soldados aliados también la escuchaban adoptándola en ambos frentes de guerra.
Lale Andersen no podía creer que con sólo una canción se hubiera vuelto tan famosa. De todos los rincones de Alemania, y en especial de los territorios ocupados y del frente, recibía cartas de amor. “Tú eres mi Lili Marleen, sueño contigo y te mando muchos besos”.
Tanto furor por la cantante comenzó a despertar suspicacias al Ministerio de Propaganda, de ahí que se ordenara una vigilancia discreta de todas sus actividades; no obstante, había encontrado personalmente a Hitler y éste la había rodeado de atenciones.
Durante una gira que hiciera a Italia, Lale le mandó una carta a su amante, el compositor suizo Rolf Liebermann, y le pidió ayuda para viajar a Suiza, país neutral. Pero la misiva llegó a manos de Goebbels, quien de inmediato ordenó la detención de la artista.
Hay que decir que, para entonces, Lale ya estaba en la lista negra de los nazis; asimismo ya habían prohibido la canción. La BBC de Londres difundió la noticia de la detención de la cantante. “Lale Andersen, la Lili Marleen de todos los soldados, ha sido internada en un campo de concentración donde fue asesinada”, decía una cápsula entre programa y programa.
Aprovechando la situación de tanta incertidumbre respecto a la desaparición de Lale, Goebbels utilizó la patraña inglesa para demostrar al mundo que los ingleses eran unos mentirosos. ¿Pero dónde diablos estaba Lale? En el hospital. Alguien le había dicho que su novio judío, Rolf Liebermann, había sido llevado a un campo de concentración, desesperada, intentó suicidarse. Fue la Gestapo quien la encontró moribunda en uno de los hospitales. Hasta allá fue a verla Goebbels para saber en qué estado se encontraba realmente.


Su novio está en Suiza a salvo”, le dijo, pero Lale no le creyó. De inmediato el ministro de propaganda le acercó un teléfono para que pudiera escuchar su voz. Así fue. Del otro lado del auricular estaba Rolf preguntando quién llamaba. Al escuchar su voz, ella sintió que volvía a la vida.
Estaba tan feliz de saber a su enamorado vivo que aceptó lo que le pidió Goebbels: Volver a cantar. “Tiene que ser mañana mismo”, le dijo. No obstante, los doctores se opusieron, ya que la enferma había perdido muchísima sangre, al otro día, Lili Marleen estaba cantando aquello que dice: Bajo la linterna, frente a mi cuartel/ Sé que tú me esperas, mi dulce amado bien.../ Y tu corazón al susurrar/ Bajo el farol, latiendo está.../ Lili... Mi luz de fe/ Eres tú... Lili Marleen.
Lale siguió cantando, siempre custodiada por la Gestapo. Cuando terminó la guerra viajó a Suiza para encontrarse con su amor, pero Rolf Liebermann ya se había casado con otra mujer. Después de grabar muchos discos en los cuales siempre incluía Lili Marleen, la cantante se retiró a su casa y se dedicó a escribir sus memorias, El cielo tiene muchos colores.
Pasó al olvido del público, mas no de los intelectuales que hablaron y hablaron de su historia de amor hasta que, en 1980, Fasbbinder hizo la película Lili Marleen. Lale falleció en Viena el 29 de agosto de 1972 a los 67 años.
Por último, diremos que cuando las tropas de Eisenhower entraron a París en 1945 lo hicieron al compás de las notas de Lili Marleen. Durante una inspección a la División Regenbogen —en 1945, en Tirol— el general se enteró que allí se encontraba el compositor Hans Leip y quiso conocerlo.
— Tráigame a ese hombre —dijo a su ayudante.
— Son las 10, la hora en que suele irse a la cama — informó al general el ayudante.
Por aquellas épocas Leip acostumbraba acostarse antes de las 21:55 para no caer en la tentación de escuchar Lili Marleen por Radio Belgrado, ya que la canción lo ponía profundamente melancólico.
Eisenhower replicó: “No molestemos entonces al único alemán que durante la guerra alegró al mundo entero”.



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