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domingo, 2 de octubre de 2011

Carta de un Soldado Alemán de la División Hermann Göering

Esta fue una carta la cual fue capturada por los Aliados y la cuál perteneció a un soldado de la División Hermann Göering donde describe el panico y el declive de la moral Alemana durante los enfrentamientos en Troina, Sicilia.


"23 de Julio del 1943.

Querida Familia:

Quiero enviarles un reporte acerca de estos dias pasados, en caso de que nunca regrese a casa, así ustedes podrán saber por lo que estamos pasando aqui en Sicilia.

Dos dias después que los Britanicos y Americanos desembarcaron, han estado ganando mucho terreno y han podido traer muchas mas tropas, lo que hace que haya sido casi imposible anticipar una batalla con igual cantidad de tropas. El 14 de Julio una hora mas y nos capturan, tomamos nuevas posiciones, haciendo que los Americanos rápidamente se cubrieran con fuego de artilleria, costándonos nuestras primeras victimas. Desde esa posición nos retiramos de nuevo, tomando otra posición que nos ha costado la mala suerte. Yo debo mantener mi vehículo cerca a el comando y servir como puente de comunicación. Si la línea telefónica resulta dañada por el fuego de artilleria, la orden es: "Sal afuera y reparala" (estamos peleando en un sector central, donde hay tropas Americanas y Canadienses).

Después de dejar nuestra posición, una terrible carniceria humana comenzó que incluso un sargento de infanteria juró que nunca había visto algo parecido, ni siquiera en Rusia. Muchos fueron aniquilados, muchos de mis compañeros e incluso yo mismo pensamos que no saldríamos con vida, es imposible que les describa el terror de esa experiencia. Presionamos nuestras caras en el suelo para esperar ser alcanzados mortalmente o que volaramos en pedazos.

Mientras tanto, gente que estaba de vacaciones regresa a casa en Alemania, van a los cafes y al cine, y disfrutan de ellos mismos. Me he preguntado a mi mismo: "Donde se supone que está la justicia?''

A las 4:00 a.m. regresamos a nuestras posiciones, al menos seguimos con vida. Podemos oír disparos y fuego de artilleria. Fuimos a dormir, de todas formas nuestro comandante ya se ha marchado. Media hora después, me desperté inmediatamente, habían ordenes para mi. Los Americanos estaban en las inmediaciones y todas las líneas debían ser desconectadas.

Todos juntos eramos solo 10 hombres, teníamos 2 vehiculos uno grande y otro mas pequeño, era necesario ir despacio en los caminos de barro, más en la carretera viajamos los más rápido que los vehículos pudieran ir. Cuando ibamos por una curva nos encontramos bajo fuego de artilleria. Sentí como si Dios habia puesto una pared de metal enfrente de mi, en ese momento pensé en todos uds.

Tuve que correr hacia el vehiculo y de alguna manera lo logré, despues de eso el soldado que estaba sentado detras de mi y yo nos miramos por un momento y vimos que ambos estabamos tan pálidos como la misma nieve, pero habiamos sobrevivido (tal vez Dios esta siempre conmigo) Una distancia despues algunos compañeros estaban esperando por nosotros, ellos habian observado todo a través de largavistas. Cuando reportamos de que el otro vehiculo dificilmente pudiera lograr regresar, nuestro teniente de 22 años de edad, quien estaba alli, nos sacó una misera mueca con su lengua. Nos dijo que el esperaba que mas de nosotros lo lograramos y que debiamos sentir verguenza de decir tantas estupideces. He tenido que controlarme para no abrirle la garganta en dos. El desconocía la historia completa de lo que sucedió ya que el había dejado su posición una hora antes. El caso es muchos de los hombres regresaban a pie.

Un pueblo tan pequeño, el cual ahora estaba siendo ocupado por los Americanos, fue destruido por nuestra artilleria. En respuesta la artilleria Americana destruyó nuestras posiciones costándonos muchos heridos que hizo que tuvieramos que cambiar de nuevo de posición. Ya nos hemos retirado 30 kilometros y hemos tenido un solo dia de descanso. Pero "descanso" significa "ataques aereos" (estoy obligado admitir que desde el tiempo que he estado peleando en Sicilia, he visto solo 2 aviones Alemanes.) El enemigo nos a descubierto por reconocimiento aéreo y el siguiente dia los Americanos ya habian puesto su artilleria en nuestras posiciones, todo se convirtió en un miserable infierno y tuvimos que abandonar todo esa tarde.

Teniamos un corporal con nosotros que decia que conocía la ruta de marcha,pero siempre daba rutas equivocadas. Miles de veces tuvimos que lanzarnos al suelo porque pasaban los aviones de los Aliados. Rondamos un pueblo y aqui experimentamos un bombardeo,el pueblo quedo destrozado, nuestros vehiculos fueron alcanzados por morteros. Estabamos terriblemente asustados,pero debiamos continuar.

Siempre estamos siendo perseguidos,muchas veces no sabemos que dia es o que fecha es. Como podran ver he estado escribiendo esta carta por pedazos, la comenzé una semana atras. Cuantas posiciones hemos retirado desde entonces. El pasado domingo estabamos en otra y de nuevo los Americanos nos cubrieron con su artilleria. No tienen idea lo que es oir balas rozando tu cabeza toda la noche e incluso mas, es tan dificil poder dormir.

De nuevo hemos tomado otra posición. Por el momento esta todo en silencio aqui pero hasta cuando? La misma situación comenzará de nuevo.

Hoy hemos sabido que Mussolini ha sido sacado. Esto significa el final del fascismo tambien. Se volverá Italia encontra de nosotros tambien? Cual quier cosa que llegue a suceder es insoportable. Es duro pensar que todo estos eventos lograran traer algun bien.

Hans Maier y otros de mis amigos estan ahora en el servicios de materiales, 30 ó 40 kilometros de distancia, no tengo idea de que sera de ellos ahora. Mi compañero Huebner esta en Alemania por ahora, y probablemente les visitara a uds y les contara como va todo aqui, Que suerte tiene. Saben que fuimos hace dias levantados a las 3 a.m porque habia llegado el correo?fue entonces que recibí sus cartas del 7 y 11 de Julio,asi cmo un periodico y 2 postales de Schala quien esta vacacionando en Allgaou. Dice:"Desde un maravilloso descanso y apacibles dias,los mas cordiales saludos." No pueden imaginar como me sentí cuando lei aquello,cada hora estoy peleando por mi vida y entonces recibo esta postal de Schala. No he tenido el deseo de contestarle.


28 de Julio del 1943.

Ayer estubieron las cosas algo mas calmadas en nuestras posiciones,solo en algunos momentos se oian la artilleria en la distancia. Una gran cantidad de aviones pasaban por encima de nuestras cabezas, constantemente disparando,todavia no he visto algun avion ser derribado. Nuestra Luftwaffe deberia emplearse en otro lado porque todavia no he visto ningun avion Alemán "hablar todavia". Esta noche hay una terrible tormenta con rayos y estruendos y nuestros compañeros que estan en el frente no deben estar nada confortables. No puedo escuchar por mucho tiempo esos ruidos, los rayos y todo eso me destruyen los nervios. Encuentro muy dificil dormir despues de una tormenta asi, despues tengo muchas pesadillas. Oh,como deseo tener un techo sobre mi cabeza de nuevo! siempre estamos durmiendo en el suelo, en diferentes lugares cada noche.

29 de Julio del 1943.

Anoche nos movimos afuera sin haber puestos en fuego,porque siempre encontramos el llamdo "fuego magico"(Feuerzauber) ese es el nombre que le damos al desgraciado fuego de artilleria que nuestros enemigos colocan alrededor de nosotros.Alrededor de la medianoche llegamos a nuestra nueva posición,mientras dormiamos en el suelo,oiamos vibraciones como si alguien moviera muebles pesados.

La comida es buena,cada dia recibimos algo de dulces,mitad de una tarta de chocolate y una caja de cigarrillos "Attikah",los cigarrilos no duran casi nada.No tienen idea cuanto he estado fumando,solo para distraer algo mis pensamientos.Debo decirles que estoy teniendo problemas con mis oidos.El fuego de artilleria,junto con las nubes de humo y el polvo me han estado privando de mi capacidad de audición cada vez mas.Puedo oir casi nada ahora,lo puedo notar y eso me da una sensación de inseguridad tremenda.Siento que si salgo vivo quedare sordo de por vida.

Dos de nuestros hombres permanecieron muy largo tiempo cubriendose durante un fuego de artilleria y mientras ellos estaban alli el resto de la unidad se marchaba. Ellos no se unieron a nosotros hasta el dia siguiente. Fueron llevados a corte marcial,y eso resulta severo y deprimente. Severos castigos pueden ser inflictados.

1 de Agosto del 1943.

De nuevo domingo.Sera que podre enviar esta carta? Oh,cuanto deseo poder decirles a uds mis queridos todo lo que hemos pasado durante esta campaña!Nuestra infanteria ha sufrido tanto,Ayer perdi a un buen compañero,Todo esta encontra de nosotros.El futuro luce terriblemente oscuro..

Durante los ultimos dias,he sido testigo de terribles experiencias que no propias de un soldado Alemán, particularmente no de un soldado de la Division de Hermann Goering.

Hombres corriendo,llorando histericamente porque han oido un simple disparo en la distancia. Otros llevados por rumores mueven filas de hombres hacia atras. Soldados jovenes y oficiales estan siendo victimas de ataques de panico." 


 fuente

"el único alemán que durante la guerra alegró al mundo entero”.



Betty, llamada Lili, era muy amiga de Marleen. La primera trabajaba en una verdulería y la segunda era enfermera. Las dos eran guapas, simpáticas y muy coquetas, de allí que trajeran de cabeza a Hans Leip, un soldado alemán de 22 años, quien, al no poder decidirse por una de las dos bellezas, optó por reunir sus nombres y escribir un poema titulado Lili Marleen. Cuando ambas lo leyeron se murieron de la risa y, con esa misma actitud festiva, le suplicaron que se decidiera. “Es que las amo a las dos”, les dijo. Tanto Lili como Marlen lo animaron para que publicara su poema.
Corría el año de 1937 y la poesía de Hans Leip no sólo cuenta una historia de amor, sino también una despedida muy triste. Se trata de un soldado que antes de partir al frente entrega su corazón a dos jóvenes. Desafortunadamente, a ninguna revista le interesó publicar la poesía de Leip. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1938, Hans se puso en contacto con el compositor alemán Norbert Schultze para que le pusiera música al texto. Un año después, una cantante aún desconocida, Lale Andersen, grabó el primer disco de Lili Marleen, pero no tuvo éxito, apenas se vendieron 700 copias. A pesar de que la interpretación de Andersen y la música de Schultze embonaban perfectamente con el sentido poético de Leip, se decidió no difundir mucho la canción, porque el Ministerio de Propaganda exigía música más que sentimental con toques marciales.
Pero en 1940, la novia de un suboficial de una compañía alemana le había regalado a éste el disco: “Aquí encontrarás las frases y la música de amor más bella que jamás hayas escuchado”, le escribió. El novio la escuchó en una reunión informal en el cuartel. A todos sus amigos les encantó la canción. “Su melodía, aunque muy melancólica, transmite mucha paz”, dijo uno de ellos. “Si es así, vamos adoptarla como himno de nuestra compañía”, agregó el suboficial.
En 1941, el teniente Kart Heinz Reintgen fue trasladado a Belgrado, para hacerse cargo de la dirección de la emisora militar de esa ciudad. Él también llevaba consigo un disco de Lili Marleen; se lo había regalado su esposa: “Para que no me olvides”, le escribió sobre la carátula del disco. Una tarde que el teniente se sentía nostálgico puso el disco de Andersen. “Dedico esta canción a todos los compañeros que se encuentran en el desierto norteafricano”, dijo el teniente. Pero éste nunca se imaginó que entre su numeroso auditorio se encontrara nada menos que el mariscal de campo Edwin Rommel, el mismo que invadiera el norte de África y que también fuera acusado de tramar el asesinato de Hitler. No obstante, el Ministerio de Propaganda ya había señalado que Lili Marleen resultaba demasiado sentimental, pudiendo con ello desmoralizar a las tropas, el éxito fue fulminante. A partir de esa emisión, la melodía se convertiría en la canción del soldado alemán. Curiosamente, los soldados que habían sido prisioneros por los alemanes ya la habían escuchado, incluso muchos de ellos la cantaban o la recitaban.

                                        Marlene Dietrich                                                          

Ese mismo año de 1941, la actriz Marlene Dietrich se encontraba recaudando bonos de guerra estadounidenses. Para entonces Dietrich ya se había nacionalizado norteamericana. No hay que olvidar que la intérprete de El Ángel Azul fue antinazi, enemiga de las políticas antisemitas de su tiempo. Incluso grabó varios discos antinazis en alemán.
Cuando le preguntaban por qué lo hacía a pesar del evidente peligro que representaba esa oposición, contestaba: “Aus anstand” (por decencia). Además de cantar con su estilo tan característico, Marlene solía entretener también a las tropas tocando una sierra musical, dicen que fue en uno de esos actos cuando el General George S. Patton se enamoró de la Dietrich. Bueno eso dicen algunos, porque otros afirman que el enamorado fue el también General James M. Gavin, pero cuando la escuchó cantar por primera vez Lili Marleen.
Más que Andersen, en realidad quien hiciera famosa esta maravillosa canción fue Marlene Dietrich, cuya versión se tituló La chica bajo la farola.
Al compositor, Hans Leip, no le parecía que Lili Marleen fuera cantada por mujeres, porque era la historia de un hombre enamorado. Sin embargo, nadie la cantó tan bien, como ellas dos.
Es cierto que la vida de Marlene Dietrich es apasionante y sumamente rica de vivencias de todo tipo, pero la de Lieselotte Helen Berta Bunnenberg, mejor conocida como Lale Andersen, es igualmente azarosa.
Cuando sus trasmisiones empezaron a tener un éxito rotundo, desde todos los frentes comenzaron a llegarle peticiones para que se volviese a poner la canción, de modo que la emisora militar de Belgrado la emitía todos los días a las 21:57 como cierre de emisión. Los soldados aliados también la escuchaban adoptándola en ambos frentes de guerra.
Lale Andersen no podía creer que con sólo una canción se hubiera vuelto tan famosa. De todos los rincones de Alemania, y en especial de los territorios ocupados y del frente, recibía cartas de amor. “Tú eres mi Lili Marleen, sueño contigo y te mando muchos besos”.
Tanto furor por la cantante comenzó a despertar suspicacias al Ministerio de Propaganda, de ahí que se ordenara una vigilancia discreta de todas sus actividades; no obstante, había encontrado personalmente a Hitler y éste la había rodeado de atenciones.
Durante una gira que hiciera a Italia, Lale le mandó una carta a su amante, el compositor suizo Rolf Liebermann, y le pidió ayuda para viajar a Suiza, país neutral. Pero la misiva llegó a manos de Goebbels, quien de inmediato ordenó la detención de la artista.
Hay que decir que, para entonces, Lale ya estaba en la lista negra de los nazis; asimismo ya habían prohibido la canción. La BBC de Londres difundió la noticia de la detención de la cantante. “Lale Andersen, la Lili Marleen de todos los soldados, ha sido internada en un campo de concentración donde fue asesinada”, decía una cápsula entre programa y programa.
Aprovechando la situación de tanta incertidumbre respecto a la desaparición de Lale, Goebbels utilizó la patraña inglesa para demostrar al mundo que los ingleses eran unos mentirosos. ¿Pero dónde diablos estaba Lale? En el hospital. Alguien le había dicho que su novio judío, Rolf Liebermann, había sido llevado a un campo de concentración, desesperada, intentó suicidarse. Fue la Gestapo quien la encontró moribunda en uno de los hospitales. Hasta allá fue a verla Goebbels para saber en qué estado se encontraba realmente.


Su novio está en Suiza a salvo”, le dijo, pero Lale no le creyó. De inmediato el ministro de propaganda le acercó un teléfono para que pudiera escuchar su voz. Así fue. Del otro lado del auricular estaba Rolf preguntando quién llamaba. Al escuchar su voz, ella sintió que volvía a la vida.
Estaba tan feliz de saber a su enamorado vivo que aceptó lo que le pidió Goebbels: Volver a cantar. “Tiene que ser mañana mismo”, le dijo. No obstante, los doctores se opusieron, ya que la enferma había perdido muchísima sangre, al otro día, Lili Marleen estaba cantando aquello que dice: Bajo la linterna, frente a mi cuartel/ Sé que tú me esperas, mi dulce amado bien.../ Y tu corazón al susurrar/ Bajo el farol, latiendo está.../ Lili... Mi luz de fe/ Eres tú... Lili Marleen.
Lale siguió cantando, siempre custodiada por la Gestapo. Cuando terminó la guerra viajó a Suiza para encontrarse con su amor, pero Rolf Liebermann ya se había casado con otra mujer. Después de grabar muchos discos en los cuales siempre incluía Lili Marleen, la cantante se retiró a su casa y se dedicó a escribir sus memorias, El cielo tiene muchos colores.
Pasó al olvido del público, mas no de los intelectuales que hablaron y hablaron de su historia de amor hasta que, en 1980, Fasbbinder hizo la película Lili Marleen. Lale falleció en Viena el 29 de agosto de 1972 a los 67 años.
Por último, diremos que cuando las tropas de Eisenhower entraron a París en 1945 lo hicieron al compás de las notas de Lili Marleen. Durante una inspección a la División Regenbogen —en 1945, en Tirol— el general se enteró que allí se encontraba el compositor Hans Leip y quiso conocerlo.
— Tráigame a ese hombre —dijo a su ayudante.
— Son las 10, la hora en que suele irse a la cama — informó al general el ayudante.
Por aquellas épocas Leip acostumbraba acostarse antes de las 21:55 para no caer en la tentación de escuchar Lili Marleen por Radio Belgrado, ya que la canción lo ponía profundamente melancólico.
Eisenhower replicó: “No molestemos entonces al único alemán que durante la guerra alegró al mundo entero”.



EL GATO OSCAR (1939-1955)

  Las mayores tragedias siempre contienen algún aspecto, si no cómico, si capaz de aligerar momentáneamente la pena por la muerte y la destrucción. El caso del hundimiento del acorazado alemán Bismarck el 27 de Mayo de 1941 no fue una excepción. El poderoso buque había sido alcanzado al anochecer del día anterior por un pequeño torpedo aéreo en el punto más delicado y vulnerable del casco; los timones que por efecto de la explosión quedaron trincados a babor hacia donde viraba a toda máquina tratando de esquivar a los demás torpedos del resto de la escuadrilla atacante. El resultado fue que el Bismarck fue ya imposible de gobernar. Tras una noche de angustia y combates contra los destructores enemigos, con el barco a merced del viento que embravecía la mar, los alemanes vieron aparecer en el horizonte a dos poderosos acorazados, el Rodney y el King George V acompañados por tres cruceros pesados, los Nordfolk, Dorsetshire y Sheffield y su correspondiente escolta de destructores. Bajo el horizonte el portaaviones Ark Royal protegía con sus aparatos, los mismos que habían lisiado al acorazado alemán el día anterior, la operación.
  Durante hora y media los cinco barcos británicos dispararon todo lo que tenían sobre el inmóvil enemigo. A las 10 h. 39 m. el Bismarck dio la voltereta y se hundió.
  Fueron recogidos un centenar largo de supervivientes pero una alarma antisubmarina hizo que los británicos suspendiesen los trabajos de salvamento retirándose a toda maquina. Sobre el agua centenares de marinos alemanes quedaron abandonados a su suerte, poco a poco fueron desaparecieron todos.

                                                                   EL BISMARCK

Horas después el destructor británico Cossack husmeaba a poca velocidad la zona del hundimiento en busca de algún resto interesante o algún superviviente más. Al cesar por la mañana el estruendo de los cañones pareció como si Eolo y Neptuno hubiesen decidido también descansar, el viento cesó y la mar quedó calma. Esto facilitaba la búsqueda del Sheffiel que de vez en cuando se detenía para recoger algo del agua, un cajón, bolsas o cualquier otro objeto que pudiese contener algún tipo de información sobre el enemigo.   En una de esas paradas, tras recoger algo del mar, reemprendía la marcha cuando un marino creyó oír un grito de auxilio o algo parecido, por la banda contraria a la que trabajaba. Suspendida la orden de marcha los británicos escudriñaban el mar en la dirección señalada en busca del origen del grito. Nada veían, restos de petróleo, maderas, un trozo de algo flotante como de 50 centímetros con algo negro encima…¡espera! El  “algo negro” se mueve, ¡es un gato negro! Y lo que se había oído era su maullido. Debía haber estado esperando a que le recogieran desde el buque pero solo cuando vio que éste se ponía en marcha se decidió a hacerse notar.
  ¿De donde había podido salir aquel gato? ¿Del Bismarck?, imposible tras el castigo que había sufrido. Pero, sin embargo, ningún otro buque había sido hundido por aquellas latitudes así que necesariamente tenía que pertenecer a la tripulación del acorazado, así que era un gato alemán y por lo tanto enemigo. Informado el capitán del Cossack ordenó inmediatamente subir al animal y hacerlo prisionero. Un marinero se ofreció voluntario para bajar colgado de una eslinga hasta el agua para subirlo a bordo. El gato no se opuso en absoluto a la maniobra, al contrario, cuando lo tuvo a tiro dio un gracioso salto y se encaramó a los hombros del salvador como la cosa más natural del mundo. Una vez a bordo saltó a la cubierta, se sacudió enérgicamente y comenzó a lamerse el cuerpo tratando de eliminar las manchas de petróleo sin prestar demasiada atención a los divertidos marineros que observaban sus maniobras.
  Alguien trajo un plato de leche para el minino que interrumpió su aseo para dar unos displicentes lametazos e inmediatamente seguir con su tarea. Lleva un collar que confirma los peores temores, es alemán y además, nazi pues se lee su nombre; Oscar, su graduación; Capitán de Corbeta y a su lado aparece una cruz gamada y otro nombre; Bismarck. Así que perteneció a la oficialidad del acorazado y de alguna forma misteriosa había conseguido escapar del destrozado buque. Habrá que interrogarle, la idea fue del oficial jefe de máquinas. Si, había que interrogarle pero también tratarlo dignamente como un oficial que era. Se le encerrará en un camarote para él solo y se le permitirá salir dos veces al día para que tome el aire.
  De repente el gato dejó su limpieza y se sentó majestuosamente. Deslizó una mirada circular sobre los presentes, las conversaciones cesaron. Era negro con un collar natural de pelo blanco y grande, muy grande, con enormes bigotes canos y unos ojos amarillo oro divididos verticalmente de una forma simétrica por una fina línea negra como la noche. Tras el regio vistazo Oscar venteó en varias direcciones hasta que se incorporó y ni deprisa ni despacio se dirigió elegantemente hacia un portillo desde donde una escala daba acceso a las cubiertas interiores. Con pasmosa facilidad el felino bajo por la escala para continuar su paseo. Se paraba a olisquear aquí y allá, bajó otra escala. Parecía llegar a su destino pues aceleró levemente su marcha, al poco entraba en la cocina con el gran rabo erecto en demanda de su rancho reglamentario. El roast beef fue de su agrado pero despreció la guarnición de verduras cocidas. Una vez satisfecho se encaminó al pasillo para sentarse con displicencia frente a una portezuela que dejaba escapar por las rendijas un cierto olor que denunciaba lo que había detrás. Intrigado, uno de los cocineros abrió la portilla y el pequeño inodoro quedo a la vista. Con naturalidad Oscar saltó a la taza y adoptando una postura apropiada alivió sus necesidades fisiológicas.
  Nuevamente marchó hacia la cocina seguido por su corte de marineros para, sin dudarlo, dirigirse a una pequeña pila de sacos vacíos a la que se encaramó de un elástico salto. Poco después, tras otra breve sesión de higiene, dormía beatíficamente. El rey había tomado posesión de su nuevo palacio, parecía complacido.
  Herr Oscar se adaptó sin traumas a la nueva situación. Poco a poco fue ampliando sus exploraciones por el buque. Un mes más tarde el barco ya no tenía secretos para él. Solía pasar revista una vez al día de proa a popa, sin omitir el puente de mando donde el capitán le daba novedades. La comida no era un problema. No aceptaba alimentos sino que en los descuidos de los cocineros Oscar tomaba de las gavetas y pucheros lo que le parecía más conveniente. Cuando estaba de buen humor, generalmente al anochecer, jugaba con los cocineros, como consecuencia; todos tenían los brazos llenos de cariñosos arañazos. En tres o cuatro ocasiones se presentó en la cocina con ratones muertos que depositaba orgullosamente a los pies del cocinero jefe, desde luego sin hacer el más mínimo ademán de comérselos. El cazaba por deporte no por necesidad, como los reyes franceses en los jardines de Versalles. Cuando sonaban los timbres de alarma corría disciplinadamente hacía su puesto de combate en la pila de sacos, cambiados periódicamente por cuestión de higiene, donde esperaba serenamente el final de la batalla.
Pocos días después se corrió el rumor por el barco de que Oscar, sin duda influido por el nuevo ambiente, había apostatado del nazismo y había solicitado la nacionalidad británica para poder ingresar en la Royal Navy. Hubo discusiones, unos dudaban de su sinceridad, otros achacaban su pasado fascista a las malas compañías, incluso alguno aseguró que todo era mentira y que en realidad era un espía de Berlín con un alto grado de entrenamiento, pero la mayoría creían en la honestidad de Oscar. Tras un breve consejo de guerra se decidió concederle la nacionalidad y el empleo de guardia marina aspirante con antigüedad desde el 1 de Enero 1939, fecha de su nacimiento oficial ya que un marino estudiante de veterinaria había sentenciado que el gato tenía un año y medio de edad o así. Con el nombre no hubo problema, si se hubiere llamado Adolf, Heinrich o Hermann  habría habido que cambiárselo pero Oscar era perfectamente asimilable a su nuevo status de ciudadano británico. En cualquier caso esto no era importante, nunca acudía cuando le llamaban por su nombre. Ahora tenía un nuevo collar en el que podía leerse: Oscar, Royal Navy, 1941.

                                                                       EL COSSACK

Durante cinco meses menos tres días Oscar vivió una existencia feliz y aventurera en el Cossak. Durante este periodo el destructor, generalmente ocupado en misiones de escolta de algún convoy, participó en varios ataques antisubmarinos solo o en colaboración con otros buques lo que parecía fascinar a Oscar. Cuando escuchaba la primera explosión salía de donde fuere para colocarse en algún punto alto de la superestructura del buque, a cubierto si llovía, desde donde observaba con suma atención las blancuzcas palmeras de agua levantadas por las explosiones de las cargas de profundidad. No se movía hasta que cesaba el zafarrancho de combate.   El viernes 23 de Octubre de 1941 el Cossack escoltaba el convoy lento HG-74 que navegaba desde Gibraltar hacia el Reino Unido.  Durante el día había sido señalada la presencia de algunos submarinos en la zona y en dos o tres ocasiones fueron lanzadas algunas cargas de profundidad más para atemorizar al supuesto enemigo que por haber localizado un blanco concreto. Anochecía, Oscar había pasado la mayor parte del día tumbado al sol sobre el metálico rompeolas de la torre artillera C popera, le gustaba ir siempre a popa del barco, observando la lenta marcha de los mercantes y las rápidas evoluciones de los destructores que corrían allá o acá a la más mínima sospecha de la presencia del enemigo y que de vez en cuando levantaban aquellas columnas de agua que tanto le gustaban.
  Picoteó algo en la cocina y se retiró a sus sacos, el día había sido emocionante y estaba cansado.
  Mientras tanto, el capitán del submarino alemán U-563, Klaus Bargsten  había estado acechando el convoy en las horas de luz pero sin osar acercarse demasiado, esperaba a la oscuridad para atacar. Efectivamente, al caer la noche el submarino se encontraba algo adelantado respecto al convoy. Con la proa al Sur a reducida velocidad Bargsten esperaba con paciencia la aparición de los barcos británicos. Poco después se distinguían las oscuras siluetas de los grandes cargueros rodeados por las más pequeñas de los inquietos destructores. El alemán decidió lanzar una andanada de torpedos en superficie a la distancia suficiente como para poder virar, lanzar con los tubos de popa y eludir en inmersión el seguro contraataque de la escolta.
  En el Cossack la estela del torpedo fue vista demasiado tarde. El capitán Berthon manda un giro desesperado a babor, fue su última orden. Cuando el destructor apenas empezaba a virar el artefacto estalló justo a la altura del puente de mando matando a Berthon y a 127 de sus hombres. Las graves averías provocaron el abandono del barco. La explosión del torpedo lanzó a Oscar contra el mamparo contrario. Debió darse cuenta de que algo grave pasaba, carreras de los marinos, gritos y un espeso humo anaranjado que comenzaba a invadir los compartimentos uno tras otro. Salió a cubierta a respirar y hacerse una idea cabal de lo que estaba sucediendo. El buque ardía como una tea y estaba muy escorado. Indudablemente tuvo que recordar lo sucedido en el Bismarck puesto que al ver a unos miembros de la tripulación maniobrando entre el denso humo con un chinchorro que intentaban echar al mar decidió aprovechar la ocasión. Tras arrojar al agua la azarosa barquita cuatro náufragos consiguieron trepar a  ella con grandes dificultades. Oscar observaba y esperaba con la sangre fría que da la experiencia. Y llegó su momento, justo en el cuando los marineros desenganchaban los pequeños remos para alejarse del agonizante buque. Oscar se acercó a la borda, midió distancias, tensó sus músculos y dio un increíble salto, al estilo de Alvarado escapando de Tnoclitan solo que sin pértiga, para aterrizar, amarar, justo al costado del chinchorro salvador, una fuerte mano lo agarró del cuello y lo metió a bordo. Ya más lejos el Cossack, cada vez más escorado y ardiendo en la oscuridad, derivaba según el capricho del mar y el viento. Durante dos días pelearían los británicos por salvar al buque pero no se pudieron dominar los voraces incendios y tras las cuarenta y ocho horas de agonía el torturado destructor bajó al abismo.
  Con la amanecida los supervivientes fueron poco a poco izados a los restantes barcos del convoy. El chinchorro de Oscar fue a parar al costado del  portaaviones Ark Royal, una de las joyas de la flota, desplazaba 27.720 toneladas y había entrado en servicio tan solo tres años antes, en 1938. Los sesenta aparatos que podía transportar, parte de los cuales había lisiado irremediablemente al Bismarck, como antes se describía, cubrían en esta ocasión la defensa aérea del HG-74. Así pues Oscar se encontraba en uno de los buques causantes de la destrucción de su primer hogar.
  Una vez sobre la inmensa cubierta de vuelo Oscar comenzó de nuevo su indiferente operación de limpieza corporal. Pero tuvo dificultades a la hora de encontrar la cocina. Un portaaviones es como una ciudad flotante donde no es fácil localizar por el olfato un lugar determinado. Pero los marinos, informados por los náufragos de las costumbres del felino, solucionaron su problema trasladándolo a la gran cocina del portaaviones para que tomase posesión de su nuevo habitat.
  Comenzó a circular por el gran barco la historia del gato sobreviviente, del gato de la suerte. Aunque alguno argumentó que era un gato con tanta suerte que fagocitaba la ración de suerte que le tocaba al barco en el que navegaba dejándolo desamparado. Los marinos se acercaban un momento a la cocina para echarle un vistazo, allí estaba tranquilo y digno. Trataban de tocarlo con la esperanza de que les transmitiese su, ya legendaria, buena estrella. La extraordinaria capacidad de adaptación de Oscar se manifestó de nuevo. A los tres días había encontrado un nuevo entretenimiento. No bien escuchaba el rugido de los motores de los aviones que se ponían en marcha aparecía en cubierta, se agazapaba en cualquier rincón con buena visión de la operaciones aéreas y miraba con atención los despegues y apontajes de los aparatos del portaaviones, solo se retiraba cuando volvía el silencio.
  A primeros de Noviembre el gran portaaviones recaló en la base naval de Gibraltar para dar un merecido descanso a la tripulación y reavituallar al buque para la próxima misión. A la vista del gran peñón usurpado Oscar parecía extasiarse, pasaba horas mirando la enorme mole. Decidió aventurarse, se acerco al portalón desde donde partían las lanchas hacia tierra firme, el barco estaba fondeado a unos 300 metros del malecón, y se introdujo en una de ellas que iba a partir hacia la base con el correo del portaaviones. Durante dos días desapareció. La tripulación estaba consternada, seguro que se había caído por la borda.
  Pero regresó, unos soldados de la defensa antiaérea habían encontrado un gato negro tranquilamente sentado en el malecón mirando fijamente al portaaviones. Por su collar lo reconocieron como miembro de la Royal Navy y fue entregado en la comandancia de marina. Como la historia de Oscar había corrido por la base pronto se dedujo de donde provenía. Fue reintegrado al portaaviones en otra lancha. Su aspecto era bastante lastimoso, parecía cansado y mostraba algunas heridas y desgarrones en su piel aparte de un aspecto higiénico que dejaba bastante que desear pero estaba satisfecho y relajado. Era fácil deducir lo que había estado haciendo; había estado en los bajos fondos gatunos disputando con sus congéneres el favor de las gatas españolas. Comprensivamente los marinos le dejaron descansar.
  Durmió quince horas seguidas, cuando se despertó era el 10 de Noviembre y el Ark Royal en compañía del vetusto portaaviones Argus y la correspondiente escolta de cruceros y destructores navegaba por el Mediterráneo rumbo al Este. Su misión era acercarse a una distancia lo suficientemente corta de la isla de Malta, bajo continuos ataques de la aviación del Eje, desde la que pudiesen lanzar los aviones que llevaban a bordo, 37 cazas Hurricane y 7 bombarderos medios Bristol Blenheim, destinados a incrementar las defensas aéreas de la estratégica isla.
  Dos días después, el 12, y bajo la atenta mirada de Oscar los aparatos fueron despegando uno a uno rumbo a su más que incierto destino. Inmediatamente la flota británica, cuyo nombre en código era Fuerza H, invierte el rumbo hacia su base gibraltareña, a la que desde un punto de vista estrictamente histórico y jurídico, puede ser calificada de usurpada desde el tratado de Utrech de 1714 momento en que Inglaterra se hizo con el control del peñón y de la bella isla balear de Menorca.
  El viernes 14 ya se intuía a lo lejos entre la bruma de un día soleado la cima del peñón, los tripulantes de la Fuerza H se regocijaban pensando en la noche de juerga en el puerto amigo, pero…
  Desde hacía unas semanas el jefe de los submarinos alemanes, Karl Doenitz, había ordenado a parte de sus unidades que intentasen entrar en el Mediterráneo para descoyuntar el tráfico enemigo lo que sus homólogos italianos, con unos sumergibles inadecuados y obsoletos, habían sido incapaces de hacer.
  El mismo día que el Ark Royal lanzaba sus aviones a Malta el sumergible alemán U-81 bajo el mando del teniente de corbeta Friedrich Guggenberger cruzaba sigilosamente en inmersión el estrecho de Gibraltar favorecido por las intensas corrientes existentes en el sentido Atlántico-Mediterráneo. Si el Atlántico no se comportase como un gran río respecto al Mediterráneo éste se secaría. Por ello el submarino no tenía más que dejar llevarse con los motores a mínimas revoluciones. Pero una vez en el Mediterráneo el barco quedaba condenado a permanecer allí pues todo lo que eran facilidades para entrar se tornaban en dificultades para salir por las mismas corrientes.
  El viernes 14 el U-81 patrullaba por el mar de Alboran, el día era claro, la visibilidad buena, el mar estaba en calma. Desde lo alto de la torreta uno de los vigías señaló humos por el través de babor. En efecto varias tenues estelas indicaban la aproximación en rumbo convergente de varios barcos. Temiendo el reconocimiento aéreo del convoy Guggenberger ordena inmersión y poner rumbo a los todavía desconocidos buques.
  Por el periscopio el comandante fue identificando el mejor regalo que se le puede hacer a un submarino; dos portaaviones enemigos que van directamente hacia la proa su barco. Solo tendría que esperar y disparar.
  Aquella mañana los aviones del Ark Royal, iban despegando a largos intervalos para aterrizar en Gibraltar. Los portaaviones solían lanzan sus aparatos a tierra antes de tomar puerto por razones de seguridad. Oscar había encontrado un magnífico mirador en el montaje triple de ametralladoras situado a popa de la enorme chimenea.
  A quince metros de profundidad Guggenberger trataba de templar sus nervios mientras veía a un gran portaaviones que se estaba colocando con toda precisión en su línea de tiro. El U-81 fue un barco con suerte, llegó a hundir 23 buques enemigos bajo el mando de dos capitanes, el citado y más tarde Johann-Otto Krieg. Cuando por fin fue destruido en el Mediterráneo el 9 de Enero de 1944 solo murieron dos tripulantes.
  Oscar sesteaba en su otero pues es ese momento no había actividad sobre cubierta. Una gran explosión hace estremecerse al enorme buque y el gato sale volando como en el Cossack hasta que algún mamparo metálico se pone en su trayectoria. Aturdido se encarama a sus ametralladores para ver que pasa. El casco escupe humo por babor, casi a media eslora, pero por lo demás, los marinos no parecen asustados. De todas maneras no es conveniente dormir ahora y decide ponerse cómodo y ver que pasa con el humo.
 
                                                                   EL ARK ROYAL

Pasa el tiempo, ya no hay humo pero poco a poco el portaaviones está escorando cada vez más a babor. Sigue pasando el tiempo, Oscar tiene que reacomodarse para que la inclinación del buque no le haga resbalar. De repente levanta el cuello y despliega sus orejas y bigotes mirando a un punto de la cubierta a popa; varios marinos están manipulando los botes de salvamento, mira a popa y lo mismo. Sin pensarlo dos veces baja a la cubierta en cuatro saltos otea a derecha e izquierda y decide subir al bote que tiene más cerca y que ya está a punto de abandonar el buque repleto de marineros. Minutos después, seco y sereno, se alejaba del barco sentenciado camino de Gibraltar. Hacia tres semanas que el felino había llegado al portaaviones.   Lo que había sucedido es que la explosión de uno de los cuatro torpedos lanzados por el U-81 había ocasionado una inundación que al principio no pareció revestir excesiva gravedad pero que fue aumentando lenta pero imparablemente. Todos los esfuerzos para dominarla fueron inútiles y 24 horas después el portaaviones se hundía pero, en un sentido muy importante Oscar pareció dar suerte a la tripulación; solo murió un marino de los 1.663 tripulante y aviadores del navío.
  Varios confortables meses pasó Oscar en la base naval observando el trajín de barcos y mercancías. De vez en cuando volvía a sus correrías nocturnas, vivía en la cocina del pabellón de oficiales. Lo que estaba claro era que ningún barco se atrevería nunca a incluirlo en su tripulación, tres barcos hundidos en seis meses con él a bordo era mucho. Pero la verdad es que Oscar comenzaba a ser un gato célebre, una figura histórica. Pero una cierta prevención rodeaba su figura, incluso había quien temía que un telúrico cataclismo hundiese el peñón en las profundidades mientras Oscar pasaba tranquilamente a España. De un modo u otro parecía conveniente alejar al gato de la base pero ¿donde exilarlo?
Un día apareció por el comedor de oficiales un capitán recién llegado de Belfast. Comentando las cosas de la patria salió a relucir que en la Casa de los Marinos Jubilados de Belfast estaban apenados pues había muerto un gato que había convivido muchos años con los viejos marineros que allí iban a acabar sus vidas. ¡Ahí estaba la solución!
El mismo avión que había traído al capitán desde Irlanda llevó de regreso a Oscar a su nuevo hogar.
Y cuentan las crónicas que el felino vivió feliz en la residencia hasta el 1955 cuando ya con 16 largos años de vida decidió trasladarse al paraíso de los gatos. Cuando sesteaba mirando al mar dicen que si aparecía cualquier barco en el horizonte lo seguía atenta y melancólicamente con la mirada hasta que desaparecía en la lejanía probablemente añorando sus viejas aventuras de guerra.
Lástima que un gato no pueda escribir sus memorias.

                                                                        OSCAR       

 fuente                       

sábado, 1 de octubre de 2011

drogas en el ejercito aleman en la sgm

Los Nazis pregonaban la abstinencia en el nombre de la salud nacional. Pero a la hora de librar su Blitzkrieg, no tenían reparos en poner a sus soldados hasta los topes de drogas y alcohol. El speed era la preferida, no obstante muchos otros se hicieron adictos a la morfina y el alcohol.  

      El estimulante Pervitin era distribuido a los soldados en el frente   En una carta fechada el 9 de noviembre de 1939, a "sus queridos padres y parientes" de vuelta en su hogar de Colonia, un joven soldado destinado en la Polonia escribió: "Las condiciones aquí son duras, y espero que lo entendereis si solo puedo escribiros cada dos a cuatro dias. Hoy os escribo principalmente para pedir un poco de Pervitin ...; Os quiere, Hein,"

El Pervitin, un estimulante comunmente conocido hoy como speed era la wonder-drug del Ejército Alemán.

El 20 de mayo de 1940, el soldado de 22 años escribió de nuevo a su familia: "¿Quizas podríais conseguirme algo más de Pervitin para que pueda tener un avituallamiento de reserva?" Y, en una carta enviada desde Bromberg el 19 de julio de 1940: "Si es posible, por favor remitidme un poco más de Pervitin." El hombre que escribió estas cartas se hizo más tarde un famoso escritor. Era Heinrich Boell, y en 1972 fue el primer alemán en ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura tras la guerra.

Muchos de los soldados de la Wehrmacht iban repletos de Pervetin cuando entraban en combate, especialmente contra Polonia y Francia -- en una Blitzkrieg respaldada por el speed. A las Fuerzas Armadas alemanas se les proveyó con millones de comprimidos de metanfetaminas durante la primera mitad de 1940. Las drogas eran parte de un plan para ayudar a pilotos, marineros e infantería a un rendimiento sobrehumano. La cúpula militar dispensaba con mano ancha tales estimulantes, tambien además alcohol y opiáceos, mientras creyó que drogar e intoxicar a las tropas ayudaría a conseguir la victoria sobre los Aliados. Pero los Nazis eran menos expeditivos en vigilar los efectos secundarios como la drogadicción y la degradación moral.

Tras ser introducido al mercado en 1938, el Pervitin, una droga metanfetamínica recientemente desarrollada por la compañía farmacéutica Temmler (sede en Berlín), rápidamente se hizo muy vendida entre la población civil alemana. De acuerdo a un informe en el Klinische Wochenschrift ("El Semanal Clínico", la supuesta "wonder-drug" llamó la atención de Otto Ranke, un doctor militar y director del Instituto para la Fisiología General y de Defensa en la Academía de Medicina Militar de Berlín. Los efectos de las anfetaminas son similares a los de la adrenalina producida por el cuerpo, provocando un estado de alerta acentuado. En la mayoría de personas, esta sustancia, aumenta la auto-confianza, concentración y voluntad de afrontar riesgos, al mismo tiempo que reduce la sensiblidad al dolor, hambre y sed, así como reduce la necesidad de dormir. En septiembre de 1939, Ranke probó la droga en 90 estudiantes universitarios, y concluyó que el Pervitin podía ayudar a la Wehrmacht a ganar la guerra. Al principio fue probado en los conductores militares que participaron en la invasión de Polonia. A partir de ahí, segun el criminólogo Wolf Kemper, fue "distribuído sin escrúpulos a las tropas combatientes en el frente."

Treinta y cinco millones de comprimidos

Durante el corto período entre abril y julio de 1940, más de 35 millones de comprimidos de Pervitin e Isophan (una ligera modificación producida por la compañía farmacéutica Knoll) fueron entregadas al Ejército Alemán y la Fuerza Aérea. Algunos de los comprimidos, consistentes en tres miligramos de sustancia activa, fueron enviados a las divisiones médicas de la Wehrmacht bajo el nombre clave OBM, y distribuídos entonces directamente a las tropas. Una orden de emergencia podía ser cursada incluso por telefono si se necesitaba un envío uregentemente. Los envases iban etiquetados como "Estimulante", y las instrucciones recomendaban una dosis de uno o dos comprimidos "solo por necesidad, para mantener la vigilia."

Aun entonces, los doctores estaban preocupados por el hecho que la fase de regeneración tras tomar la droga se iba haceindo más larga, y que el efecto disminuía gradualmente entre los consumidores frecuentes. En casos aislados, los consumidores experimentaban problemas de salud como excesiva transpiración y desórdenes circulatorios, e incluso hubo algunas muertes. Leonardo Conti, el ministro de Salud del Reich alemán y paritidario de la creencia de Adolf Hitler en el ascetismo, intentó restringir el uso de la píldora, con parcial éxito únicamente, al meno en lo concerniente a la Wehrmacht. Aunque el Pervitin fue catalagado como sustancia restringida el 1 de julio de 1941, bajo la ley del Opio, diez millones de comprimidos fueron entregados a las tropas el mismo año.

El Pervitin era extendidamente aceptado como una droga probada para su uso con soldados que iban a estar sometidos a duro stress. Un memorando para oficiales médicos de la Armada afirmaba lo siguiente: "Todo oficial médico debe ser consciente que el Pervitin es un estimulante altamente diferenciado y poderoso, una herramienta que le permite, en cualquier momento, ayudar activa y efectivamente a ciertos individuos en su área de de influencia a alcanzar un rendimiento por encima de lo normal."

"Su moral mejoró de pronto"

infrome que alrededor de la medianoche,
tras seis horas de huída a traves de la nieve que cubría en algunos sitios hasta la cintura, "más y más soldados estaban tan cansados que simplemente empezaban a echarse sobre la nieve." Los oficiales al mando del grupo decidieron suministrar Pervitin a sus tropas. "Tras hora y media," escribió el doctor, "los hombres espontáneamente comenzaron a informar que se sentían mejor. Comenzaron a marchar de forma ordenada otra vez, su moral mejoró, y se volvieron más atentos.".

Al informe le llevó seis meses llegar al Alto Mando médico del Ejército. Pero su respuesta se redujo a dictar nuevas directrices e instrucciones para el uso del Pervitin, incluyendo información sobre los riesgos que apenas difería de instrucciones anteriores. Las "Directrices para detectar y combatir la fatiga" dictadas el 18 de junio de 1942 fueron las mismas que siempre habían sido: "Dos comprimidos a la vez eliminan la necesidad de dormir de tres a ocho horas, y dos dosis de dos comprimidos cada una son normalmente efectivas para 24 horas."

Hacia el final de la guerra, los Nazis estaban incluso trabajando en un píldora milagrosa para sus tropas. En el puerto septentrional de Kiel, el 16 de marzo de 1944, el entonces Vice-almirante Hellmuth Heye, que más tarde se convertiría en miembro del parlamento con el partido conservador democristiano y jefe del comité de defensa del parlamento alemán, pidió una droga "que pudiera mantener a los soldados listos para la batalla cuando se les pidiera continuar luchar más allá de un período considerado normal, mientras que a la vez potenciara su auto-estima." 

Hacia el final de la guerra Alemania empleaba soldados cada vez más jóvenes. Más y más de ellos dependían de drogas y alcohol para el coraje y resistencia
              Un poco después, el farmacólogo de Kiel Gerhard Orzechowski presentó una píldora a Heye con el nombre-clave D-IX. Contenia 5 miligramos de cocaína, 3 miligramos de Pervitin y 5 de Eukodal (un analgésico derivado de la morfina). En la actualidad, un narcotraficante apresado con esta potente droga sería enviado a prisión. En la época, sin embargo, la droga se probó en tripulantes trabajando en los mas pequeños submarinos de la armada, conocidos como la "Foca" y el "Castor".

El consumo de alcohol era alentado
El alcohol, la droga del pueblo, era también popular en la Wehrmacht. Refiriéndose al alcohol, Walter Kittel, un general en el cuerpo médico, escribió que "sólo un fanático rehusaría dar a un soldado algo que puede ayudarle a relajarse y disfrutar de la vida tras afrontar los horrores de la batalla, o le reprimiría por disfrutar una o dos copas amistosas con sus camaradas." Los oficiales distribuirían alcohol a sus tropas como recompensa, y regularmente se vendía schnapps en las comisarías militares, un proceder que también tenía el feliz efecto colateral de devolver la paga de los soldados al ejército.

"El mando militar hizo la vista gorda al consumo de alcohol, mientras no condujera a borracheras públicas entre las tropas," dice el historiador de Friburgo, Peter Steinkamp, un experto en el abuso de drogas de la Wehrmacht.

Pero en julio de 1940, tras ser derrotada Francia, Hitler dictó la siguiente orden: "Espero que los miembros de la Wehrmacht que se permitan participar en actos criminales como resultado del abuso del alcohol sean severamente castigados." Los delincuentes graves podían incluso esperar "una muerte humillante." 

Las drogas también eran un problema en el frente interno, pero los nazis se esforzaron más en controlar su abuso  Pero las tentaciones del licor fueron aparentemente más poderosas que las amenazas del Führer. Solo un año más tarde, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas alemanas, General Walther von Brauchitsch, concluyó que sus tropas estaban cometiendo "las más serias infracciones" de moralidad y disciplina, y que el culpable era "el abuso del alcohol." Entre los efectos adversos de este, citó peleas, accidentes, maltrato de subordinados, violencia contra oficiales superiores y "crímenes implicando actos sexuales antinaturales". El general creía que el alcohol estaba socavando la "disciplina en el seno del ejército."

Según una estadística interna recopilada por el jefe de los cuerpos médicos, 705 muertes militares entre septiembre de 1939 y abril de 1944 podían ser conectadas directamente con el alcohol. La cifra extraoficial era probablemente mucho más alta, porque los accidentes de tráfico, accidentes con armas y suicidios eran a menudo causados por el alcohol. A los oficiales sanitarios se les ordenó admitir alcohólicos y drogadictos en las instalaciones de tratamiento. De acuerdo a una orden cursada por el servicio médico, esta solución tenía "la ventaja de poder ser extendida indefinidamente." Una vez encarcelados en estas instalaciones, los adictos eran evaluados bajo las provisiones de la "Ley para la Prevención de Descendencia con Enfermedades Hereditarias," y podían ser sujetos a esterilización y eutanasia forzosas.

El número de casos en los cuales soldados quedaron ciegos o incluso murieron tras consumir alcohol metílico empezó a incrementarse. Desde 1939 en adelante, el Instituto de Medicina Forenses de la Universidad de Berlin calificaba el alcohol metílico como el factor fundamental en las muertes derivadas de la ingesta inadvertida de venenos.

La ejecución de un oficial de 36 años en Noruega el otoño de 1942 tenía como propósito dar ejemplo. El oficial, que era un conductor, había vendido cinco litros de alcohol metílico, los cuales aseguraba que eran 98% alcohol y podían ser usados para producir licor, para una una unidad de defensa anti-tanque de un regimiento de infantería. Varios soldados cayeron enfermos, y dos murieron. El hombre, calificado como "enemigo del pueblo," fue ejecutado por un pelotón de ejecución. Segun el orden del día dado el 2 de octubre de 1942, "el castigo será anunciado a las tropas y unidades auxiliares, y será usado de herramienta para la infracción repetida e insistente."

Pero los soldados aparentemente sintieron que cualquier cosa que pudiera ayudarles a escapar de los horrores de la guerra era justificable. A pesar del conocimiento generalizado de los riesgos, la adicción a la morfina se propagó entre los heridos y personal sanitario durante el curso de la guerra. Para 1945 cuatro veces más doctores militares eran adictos a ella que al principio de la guerra.

Franz Wertheim, un oficial médico que fue enviado a un pequeño pueblo cerca del Muro Atlántico el 10 de mayo de 1940 escribió el siguiente relato: "Para ayudar a matar el tiempo, los doctores experimentamos sobre nosotros. Empezaríamos el día bebiendo un vaso de coñac y dos inyecciones de morfina. Encontramos útil la cocaína a mediodía, y al anochecer tomaríamos Hyoskin ocasionalmente," un alcaloide derivado de algunas variedades de la planta atropa belladona que es usado como medicamento. Wertheim añade: "Como resultado, no estábamos siempre completamente al mando de nuestros sentidos."

Doctores alemanes experimentaron sobre ellos mismos

Para prevenir un "brote de adicción a la morfina, como ocurrió tras la última guerra," el Profesor Otto Wuth, sargento mayor y psiquiatra asesor de alto mando sanitario, escribió una "Propuesta para Combatir la Adicción a la Morfina" en febrero de 1941. Bajo la propuesta de Wuth, todos los heridos que se volvieran adictos como consecuencia del tratamiento serían registrados y notificados al "Consejo Médico del Distrito," donde serían proveídos de morfina legalmente o examinados y mandados a un centro de rehabilitacion de drogas. "De esta forma," concluyó Wuth, "los adictos a la morfina serían registrados y vigilados, y se evitan acciones delictuosas del grupo entero."

La dirigencia Nazi era más permisiva con aquellos que se hacían drogadictos como consecuencia de la guerra que con los alcohólicos, probablemente porque la Wehrmacht era consciente de que podía ser denunciada por daños, ya que era de hecho responsable por suministrarlas en primer lugar. 

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